Teotihuacán: un espejo de la humanidad en piedra
Anselmo Chival*
Desde niño siempre soñé con ver de cerca aquellas construcciones imponentes que aparecen en libros de historia y documentales: las pirámides de México. Pero no fue sino hasta que caminé por Teotihuacán cuando comprendí que esas piedras no solo cuentan una historia… ellas hablan.
Viajé desde Mozambique con una gran expectativa. Estaba ansioso por ver esas piedras que, según muchos, “hablan”. Pero lo que encontré fue mucho más que eso. No eran solo piedras con historia. Eran piedras vivas, que susurran, que gritan, que invitan a pensar y a sentir. Cada paso que di entre aquellas estructuras majestuosas me hizo viajar en el tiempo, cuestionar mi propia existencia: ¿se de dónde vengo?, ¿para qué vivo? y ¿hacia dónde voy?
Lo más sorprendente es que, en medio del silencio de esas ruinas antiguas, las respuestas empezaron a aparecer. Teotihuacán no es solo una muestra de la grandeza arquitectónica del pasado. Es una prueba viva de lo que la inteligencia humana, cuando se une con la espiritualidad y el propósito, es capaz de crear. Frente a esas pirámides, uno se siente pequeño… pero también inspirado.
Este lugar no solo me impactó visualmente, sino que tocó algo profundo en mí. Porque esas piedras sí hablan. Hablan al alma. Y quien las escuche con atención, tal vez descubra algo esencial sobre sí mismo y sobre la existencia del mundo.
*Estudiante de Mozambique del curso Español 6
Profesora: Maricela Gómez
CEPE, Ciudad Universitaria, UNAM, Ciudad de México
Imágenes: Anselmo Chival
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