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Reflexión sobre mis aprendizajes de idiomas

Hanyoub Lee*

Reflexión sobre mis aprendizajes de idiomasSe dice que se puede aprender una lengua simplemente después de vivir en un país donde se habla. Hay quienes sugieren que existe algún esfuerzo místico en este ambiente que posibilita hablar el idioma meta mejor que cualquier otra opción. Por ejemplo, cuando le pregunté a una compañera del CEPE por qué quería estudiar español en vez de inglés, la lengua franca, me respondió que sentía injusto que hubiera muchos paisanos suyos con la gran ventaja de haber vivido en Estados Unidos. Asimismo, hay mucha gente que atribuye sus éxitos o dificultades con la segunda lengua a haber vivido o no en el lugar donde la lengua se habla, como si fuera el único factor determinante en el aprendizaje.

Sin embargo, esa creencia popular no fue mi caso. Aunque ya había vivido en Panamá por un año con mis padres antes de venir al CEPE por primera vez, todavía no sabía hablar español. De hecho, en mi primer examen de colocación me enviaron a Español 1, o sea, al nivel A1 del Marco Común Europeo de Referencia. Especialmente la parte escrita fue la peor de todas debido a que la mayor parte de mi experiencia con el idioma había sido en la forma oral, en buena medida a causa de mi dependencia del inglés y la presencia de un traductor en Panamá.

Con todo eso en consideración, al contrario de la percepción general, es innegable que vivir en un país no equivale a desarrollar completamente la habilidad de comunicarse en la lengua de ese lugar. Aun a sabiendas de que hay muchas oportunidades de interactuar con la población nativa, puesto que eso puede habilitar contactos más profundos con la lengua meta, respecto a mi inexistente progreso con el español en Panamá, en comparación con mis logros un año después de venir al CEPE, es obvio que se necesitan más elementos para tener éxito en el dominio de la lengua.

En este texto trataré de reflexionar en particular sobre mi experiencia personal en el aprendizaje de los idiomas inglés y español con la intención de averiguar cómo se alcanza un nivel más competitivo en un idioma que en el otro. Teniendo en cuenta que tengo la intención de aprender más idiomas en el futuro, me parece una buena idea aprovechar esta oportunidad para identificar los aspectos que me han ayudado y los que no. Además, tengo muchas esperanzas de que este texto me sirva para mejorar mi método de aprendizaje con las lenguas y, tal vez, a alguien más también le interese este tema.

El problema de la edad

Antes en Corea se decía que era importante empezar a aprender un idioma desde edades tempranas para poder alcanzar un nivel muy alto. Aunque empecé a tomar clases después de cumplir 10 años, esa edad ya era considerada un poco tardía, especialmente en comparación con mis compañeros, quienes ya habían empezado antes del kínder. Por esa razón, después de que terminé algunos niveles escolares, mi mamá con frecuencia me expresaba su tristeza de que yo probablemente tendría más dificultades con la lengua que mis amigos, porque ella no me había puesto a estudiar antes de entrar a la primaria. Al mismo tiempo, pienso que esa percepción no es algo único de ella, sino algo común todavía hoy en día. Por ejemplo, hay mucha demanda para matricular a los niños en los jardines de niños en donde solo se habla en la lengua meta con profesores nativos de inglés.

Esa creencia en Corea tiene un fundamento teórico. En lingüística, hay una teoría que se llama “hipótesis del periodo crítico" (CPH, por sus siglas en inglés), la cual sostiene que todos los seres humanos tienen una capacidad innata con la que pueden adquirir una lengua hasta ciertas edades. Las dos historias reales más famosas que sustentan esta teoría son Víctor, el preadolescente salvaje, y Genie, una mujer que no podía hablar por culpa de su padre y que nunca tuvo contacto humano. En ambos casos, ninguno consiguió el dominio del idioma aun después de cinco años de esfuerzos. En la investigación más general de Jacqueline Johnson y Elissa Newport (1990) se mostró que quienes habían empezado a aprender su lengua meta desde edades tempranas, por lo general tenían más éxito con más consistencia, mientras que el resultado era más variable en el caso de los adultos.

Considerando mi experiencia con los idiomas, no me parece muy justo sacar la conclusión de que las habilidades de los adultos son peores que las estructuras innatas de los niños, si es que verdaderamente existen. Sí, hay algunos aspectos, como la pronunciación, en los que podía tener más éxito en inglés después de vivir 15 meses en Canadá, cuando tenía 11 años. Igualmente, aunque no lo puedo demostrar concretamente, por lo menos tenía una sensación o una conexión más ‘natural’ con la lengua. No obstante, por muy ‘natural’ que me sintiera, eso no significaba que yo podía producir oraciones perfectamente. De hecho, mis redacciones siempre estaban llenas de correcciones y mi gramática seguía siendo problemática para mí aun hasta llegar a la prepa.

Por otro lado, aunque no hable o escriba en perfecto español (a lo que posiblemente Patsy M. Lightbown y Nina Spada, autoras del libro How languages are learned, se refieren como ‘conciencia metalingüística o conciencia cognitiva’), tengo más capacidad de corregir e identificar mis errores cuando los cometo, más que con mi inglés después de mi experiencia en Canadá, dado que ya conozco las reglas. Pero, a diferencia de mi experiencia en la niñez, tengo más dificultades para mantener la consistencia en mi habilidad para expresarme en diferentes situaciones, especialmente en los contextos donde no he tenido mucha oportunidad de experimentar en mis clases.

Con todas estas observaciones, no me parece que la edad, en su aspecto biológico, por lo menos, sea un impedimento para aprender. Pero es posible que existan otros factores que se relacionen o provengan de la edad que trataré de retomar más adelante.

Mi patrón en el aprendizaje del inglés

Otro aspecto interesante que examinar serían las dos metodologías tan diversas con las que estudié en ambos casos. Cuando era niño, tenía una aversión muy fuerte contra el aprendizaje explícito. Pensaba que la única forma de aprender una lengua era por los medios más naturales: ver películas, interactuar con nativos o leer libros. Y afortunadamente fue posible hacerlo. Después de todo, como Lightbown y Spada sostienen en su libro, los estudiantes jóvenes poseen varias ventajas. Por un lado, tienen más oportunidades de exposición a la lengua meta y están más dispuestos a hablarlo aun desde niveles más bajos. Además, tienen menos impedimentos de conseguir feedback o correcciones en sus conversaciones.

En mi experiencia, yo era más aventurado en mis primeros años de estudiante de inglés. El hecho de que no pudiera producir frases perfectas nunca me afectó negativamente. De hecho, de todas maneras no estaba consciente de mis errores. Por eso solo hablaba lo que salía de mi boca. Tal vez por mi actitud descuidada con la gramática o por mi edad, mis amigos solían corregirme con cierta frecuencia, sobre todo cuando lo que yo decía no tenía sentido.

Además, como era solo un niño, lo cual significaba que normalmente podía hallar alegría aun en cosas banales y era impresionable, especialmente por la influencia de los adultos, había más opciones disponibles para practicar la lengua meta. En las clases de inglés, que tomaba en casa después de la escuela, no se limitaban a las formas tradicionales, sino que se empleaban diferentes juegos u otras formas de clase más variadas. Y en mi tiempo libre, fuera de la presión de mi cuidador de la familia huésped, siempre veía películas o leía libros en inglés que me ofrecían suficiente diversión.

Esa manera de estudiar durante ese tiempo no era ni muy eficiente ni rápida y ya lo sabía cuando tomé la decisión de seguirla. Con la idea de que el camino del aprendizaje es por la vida, no tenía la esperanza de poder dominar todo en poco tiempo. De todos modos, no tenía prisa por aprender. También, con mi característica de ser un casi perfeccionista (es decir, necesito satisfacer mis estándares, que son altos, pero no perfectos), aspiraba a construir unas bases más sólidas. Por muy lento que posiblemente haya sido (considerando que aun en la preparatoria necesitaba seguir tomando clases de ESL en la escuela internacional en Tailandia), mi patrón de la niñez por lo menos era exitoso en lograr mi meta, ya que podía comunicarme en varias situaciones sin mucha dificultad.

La diferencia con el español

Con el español he necesitado tomar una dirección completamente diferente. Por mi edad, no era posible matricularme en una escuela de nativos en la que pudiera adquirir la lengua ‘naturalmente’, sino solo en escuelas especializadas para extranjeros. Además, en las clases de español se enseñaba con mucho enfoque en la gramática, que yo odiaba y rechazaba con mucha pasión durante de mi infancia. En este sentido, las circunstancias eran completamente inversas (aparte de algunas pequeñas semejanzas, como la duración de las inmersiones, el aprendizaje formal y tomar clases en lengua meta en escuelas). La diferencia en la edad, en particular, significaba que necesitaba averiguar nuevas formas más adecuadas para aprender español. En este sentido, se puede decir que era importante ser más activo en mi estudio que antes.

La primera decisión que tomé fue aprovechar el tiempo con mis compañeros. Por un lado, sí, me daba mucho miedo la idea de relacionarme con gente nativa y exponer todos mis errores. Sin embargo, no todo era por mi miedo. Tenía la teoría de que conversar con nativos no sería muy útil, dado su nivel demasiado avanzado, lo cual haría que fuera muy difícil procesar o ni siquiera reconocer la información a la que yo estuviera expuesto. Si comparamos esto con los videojuegos, sería como ver videos de profesionales sin una explicación detallada ni la opción de parar y regresar el video para poder examinar cada cosa con mayor diligencia.

Como se dice en Corea, “aun un perro de una academia puede recitar un poema en tres años”, lo cual significa que con la cercanía prolongada se puede cultivar algo naturalmente, y no dudo que se pueda mejorar platicando con gente nativa. No obstante, por muy beneficioso que eso sea, no creo que no haya el riesgo de la‘sobregeneralización’ por la dificultad de analizar la información dada y la consecuente  (y potencial) ‘fosilización’ sin un adecuado feedback, el cual es difícil conseguir fuera de clases.

La importancia de que los materiales de aprendizaje sean adecuados es destacada por varios autores. En su hipótesis del input comprensible, Stephen Krashen (1982) propone que la adquisición solo se realiza cuando un hablante está expuesto al idioma (o ‘input’) en el nivel cercano al que tiene en el momento (su interlenguaje), lo cual hace que pueda entender el nuevo ‘input’ al contar con diferentes herramientas, como el contexto, conocimientos y otra información extralingüística.

Hay otras teorías que se han enfocado más en el aspecto social, como la idea de la “Zona del Desarrollo Próximo” (ZPD por sus siglas en inglés), que plantea la posibilidad de que se pueda mejorar la producción del idioma con el apoyo de otra persona en la comunicación. Extendiendo este concepto, Merrill Swain (2000) sugiere la idea del ‘diálogo colaborativo’, en el que los estudiantes pueden acompañarse en el proceso de construir su entendimiento juntos a través de la  conversación y la escritura.

Mis diferentes patrones para el aprendizaje de español

Piñata en el CEPECuando acababa de empezar los cursos en el CEPE, francamente, me faltaba mucho interés. Aunque me hubiera inscrito en la escuela, no estaba ahí por mi cuenta, sino por la insistencia de mis padres, que querían que yo fuera traductor. Pero poco a poco fue creciendo mi motivación por diferentes factores. Uno de ellos fue la estructura de la clase. En su investigación, Marjorie Wesche (1981) muestra que los estudiantes tienen mejor nivel de satisfacción y logros cuando toman clases con ambientes de enseñanza compatibles.

Y en mi caso, pienso que yo tuve mucha suerte de haber encontrado la forma compatible para mí en mi primer curso en México. En ese tiempo, todavía tenía un poco de aversión hacia la gramática y pienso que fue perfecto que mi profesora, con su amplia experiencia, hubiera manejado la clase bien para mantener un balance entre la gramática y la práctica, lo cual, al mismo tiempo, presentaba suficientes retos que me dieron el placer de aprender algo nuevo. Además, ahí estaba mi compañero chino Steven, quien era mi buen amigo en la clase, y el hecho que éramos de distintas nacionalidades me sirvió no solo como fuente de motivación para aprender a comunicarme mejor, sino también como oportunidad de poner en práctica los materiales que habíamos visto en la clase juntos.

El siguiente paso, después de conseguir el interés, fue hacer muchas repeticiones. Con el gran avance que ya había experimentado con mi inglés, tras mucho esfuerzo de memorización del léxico en la prepa, ya estaba haciendo lo mismo con el español desde el inicio. Pero para el final del cuarto mes  ya había dominado el mundo del indicativo e iniciaba el muy complejo mundo del subjuntivo, el cual significaba un gran reto y mucho estrés, ya que todos los conceptos vinculados con ese modo eran novedosos para mí. Por eso decidí tomar clases extras de español en Guatemala (8 horas en vez de 4 horas diarias) para tener más tiempo para la revisión.

Afortunadamente para mí, mi profesora de la tarde en Guatemala tenía más experiencia con estudiantes principiantes, lo cual hizo que ella tuviera más paciencia y diversas actividades para mí. Poco a poco me fui familiarizando con este modo hasta que pude usar el subjuntivo en mis oraciones. Después de unas semanas, pensaba que era tiempo oportuno para reforzar mi comprensión de las reglas y empecé con una gran profesora que tenía la capacidad de explicar en una forma muy clara y simple para mí. Hice revisión de gramática; ese repaso me ayudó a interiorizar conceptos con los que yo había estado inseguro antes. Como se puede ver aquí, pienso que la repetición y el repaso me han apoyado mucho a través de mi aprendizaje.

Otra estrategia que me ha servido mucho es el feedback. Desde el primer día de las clases en Guatemala (en donde tomé clases privadas con el enfoque predominante en la práctica y la conversación), mi profesora siempre corregía y anotaba mis errores. Eso me llevó a que yo pudiera evitar los errores fosilizados y también a que la profesora pudiera poner más énfasis en mis descuidos lingüísticos. Por ejemplo, a veces me pedía que formulara las formas correctas en clase y otra vez en la casa y en caso de que continuara cometiendo los errores, me ofrecía explicaciones en otra forma para que fuera más fácil reconocer los problemas.

El último mes de las clases privadas tomé clases en la tarde con un profesor especializado en el feedback y él siempre me inducía a que yo hiciera las ‘autocorrecciones’, algo que me ha ayudado a crecer en el hábito de analizar mis propias oraciones. Con la consideración de que por mi creencia contra la idea de ‘interactuar con nativos para aprender’ y mi personalidad introvertida, pienso que esa estrategia ha sido muy valiosa para mí y me ayudó a aprovechar las relativamente pocas horas que tenía para la lengua meta. Pienso que por eso pude alcanzar un nivel más alto en español después del mismo tiempo (un año) que en inglés.

Conclusión

Escribir este ensayo me ha ofrecido una buena oportunidad para reflexionar sobre mis aprendizajes en las lenguas. Primero, he podido ver que la edad, por sí misma, al contrario de lo que yo pensaba por la influencia de la creencia en Corea, no es un factor tan significativo. Es posible que haya componentes, como la pronunciación, que están más relacionadas con la edad, pero dudo que estos sean relevantes para permitirnos lograr un alto nivel de dominio o retos imposibles de superar. Por otro lado, comparar las dos formas con las que he aprendido ambas lenguas, me hace pensar que se necesita flexibilidad en la modalidad, según las condiciones y los objetivos. Especialmente, dada mi edad ahora, me parece posible que la repetición y el feedback pueden tener un papel muy práctico e impactante.

A pesar de haber escrito un ensayo muy largo, es verdaderamente una lástima que no pueda incluir todos los aspectos que quería. Con respecto a mi escasa habilidad de escribir y el conocimiento de la literatura sobre el tema, habría sido mejor que hubiera elegido un elemento más específico. Si tuviera otra oportunidad, sería interesante incluir otras partes del aprendizaje y examinar más a detalle cuáles de ellos podrían ayudarme en mi práctica.

*Estudiante de Corea del Sur del curso Español 8
 Profesora: América Delgado
 CEPE-CU, UNAM, Ciudad de México

Foto: Rebeca Cabañas

Bibliografía

¨     Krashen, S. D. (1982). Principles and Practice in Second Language Acquisition. The Modern Language Journal, 67(2).

¨     Lightbown, P. M., & Spada, N. (2013). How Languages Are Learned (4th ed.). Oxford University Press.

¨     Newport, E. L. (1990). Maturational Constraints on Language Learning. Cognitive Science, 14(1), 11–28.

https://doi.org/10.1207/s15516709cog1401_2

https://www.sdkrashen.com/content/books/principles_and_practice.pdf

¨     Swain, M. (2000, January 1). The output hypothesis and beyond : Mediating acquisition through collaborative dialogue. https://www.researchgate.net/publication/284106490_The_output_hypothesis_and_beyond_Mediating_acquisition_through_collaborative_dialogue

¨     Wesche, M. B. (1981). Communicative Testing in a Second Language. Canadian Modern Language Review, 37(3), 551–571. https://doi.org/10.3138/cmlr.37.3.551