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El desayuno de huevos

Anna Hansert*

El desayuno de huevosHace muchos años vivía en Kenya con mi esposo y nuestros dos hijos. En esa época tenían cinco y siete años. Habíamos llegado solamente tres meses antes y habíamos decidido hacer un primer viaje por el norte del país, en los alrededores de un volcán extinto, donde pasamos una semana en un hotel pequeño en el campo.

La primera mañana después de haber llegado, nos encontrábamos sentados en el comedor del hotel pidiendo el desayuno. Entre otras cosas, la carta ofrecía huevos cocidos y, como buenos alemanes, los pedimos para toda la familia, es decir, para cuatro personas, y también algunas otras cosas para desayunar.

Después de un rato, la comida llegó, pero ¡qué sorpresa! ¡Llegaron ocho huevos cocidos!, bien decorados, en ocho hueveras... y llegaron no solo esos ocho huevos, sino también las otras cosas que habíamos pedido.

Lo que no sabíamos en aquel tiempo era que en nuestro nuevo país se sirven siempre dos huevos por persona, sean estrellados, fritos o bien... cocidos. En mi memoria, todavía tengo la imagen de una mesita llena de huevos.

Por fin conseguimos comer todos los huevos y la mayoría del desayuno. Pero después ya no nos gustaron los huevos por mucho tiempo.

 

*Estudiante de Alemania del curso Español 5
 Profesora: Rebeca Cabañas
 CEPE-Polanco, UNAM, Ciudad de México

Imagen tomada de pixabay.com  


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