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Aventura en un parque nacional en Nepal

Sharon Hart*

Un cuento de un parque en NepalEn los noventa trabajaba en Corea del Sur. Algunas de mis amigas y yo habíamos decidido viajar juntas después de terminar nuestros contratos. Viajamos juntas más o menos durante un año por Asia, así que tuvimos muchas aventuras.

Cuando estábamos en Nepal, el grupo se separó por un rato porque algunas habían querido subir las montañas más famosas (fueron al Anapurna) con muchos albergues a lo largo de las rutas de senderismo. Otras (yo incluida) habíamos decido ir a montañas sin muchos turistas (fuimos al valle de Langatang).  Entonces el  grupo se separó y luego de tres o cuatro semanas nos encontramos en el parque nacional de Chitwan.  Estábamos muy emocionadas de volver a vernos y no pensamos mucho en si el parque era seguro o peligroso; entonces reservamos un safari a pie en un parque famoso por sus animales, como elefantes, tigres y rinocerontes.

El día de nuestro safari llegó y nos llevó un guía con su hijo.  No tenían armas, solo un bastón.  Antes de empezar  a caminar, el guía nos dijo: "Si ven un tigre, no se muevan y sigan mis órdenes; si es un rinoceronte, corran, pero en zigzag porque no puede ver muy bien; si es un elefante, caminen muy despacio hacia atrás".  Teníamos mucho miedo, pero hablamos y decidimos continuar. Éramos muy estúpidas cuando éramos jóvenes. 

Después de horas no habíamos visto nada más que monos. Estábamos hablando de regresar cuando encontramos otro grupo que nos dijo que había algunos rinocerontes en el lago y que estábamos cerca de ellos.  Empezamos a caminar por la hierba para llegar al pozo de agua.  La hierba era muy alta y no podíamos ver mucho hacia enfrente. De pronto escuchamos un ruido y sentimos el temblor de tierra.  Nuestro guía gritó: "Vienen hacia acá los rinocerontes, suban a un árbol, rápido". El guía y su hijo desaparecieron y mis amigas y yo corrimos hacia algunos árboles que no estaban demasiado lejos.  Con mucha suerte pudimos subir a los árboles justo antes de que los rinocerontes llegaran, pero los rinocerontes caminaron hacia nuestros árboles y decidieron dormir debajo de nosotras durante horas. Finalmente se fueron y, de repente, nuestro guía apareció otra vez. Nos preguntó si nos gustaría continuar con el safari. No podíamos creerlo, le dijimos que no y prácticamente corrimos a la salida del parque.  

Ya había ido a otros safaris a pie, pero solo con guías muy profesionales y con armas. Sin embargo, leí que en el parque de Chitwan desafortunadamente ha habido algunos muertos y las autoridades ya han prohibido los recorridos.

*Estudiante de Gran Bretaña del curso Español 5
  Profesora: Rebeca Cabañas
  CEPE-Polanco, UNAM, Ciudad de México

Foto: Sharon Hart


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